La evidencia que recoge el análisis en segundo plano no es una captura aislada ni una comparación biométrica. Es la relación entre dos señales físicas: la reconstrucción del volumen facial a partir de la disparidad entre píxeles y la coherencia de los reflejos especulares sobre la piel bajo una iluminación concreta. Ambas se leen mientras la persona permanece unos segundos frente a la cámara, sin gestos ni instrucciones que seguir. Lo que se observa es esa correspondencia entre profundidad y brillo, no una conclusión sobre quién es la persona.